"Las mujeres de mi especie, no tocan el suelo con la cara. Entre nosotras, nos olemos y sabemos que somos de las mismas. Una palabra dicha basta, el código es universal y nos reconocemos en él.
Las mujeres de mi especie, tememos mucho. El entorno es difuso y mucha energía ha sido puesta a su servicio por transformarlo en contorno de formas sólidas. Para poder asirnos, espantar el miedo a que las manos nos queden sueltas.
Por lo único que damos la vida es por lo concreto, por cuerpos que reiteren nuestra existencia, el cuerpo de un hombre, de un niño o de la tierra, mientras las partículas puedan tocarse.
Parte del patrimonio de las mujeres de mi especie es que nos crean más tontas de lo que somos. Nuestra potencia es un secreto bien guardado. Somos las fieras cuando se trata de defender lo nuestro.
No te equivoques, no perdemos la brújula con facilidad. Una de cada mil la pierde, y la pierde con todo, lo cual implica también cierta grandeza. La historia se ha escrito al margen de nosotras, pero nosotras mismas la hemos moldeado desde atrás.
Las mujeres de mi especie, no enarbolan banderas. Tiene el buen juicio de saber que tarde o temprano todo mástil se tambalea en su propia base y que no hay tela que resista mucho tiempo al viento.
En las mujeres como yo, el alma es menos escurridiza. Nos atrincheramos en nuestras creencias; éstas nos cubren protectoras, y la fe es nuestro gran escudo y aliada.
Las mujeres de mi especie invocan el nombre de Dios. Y no lo hacen en vano"

