Ninguna espera eterna podía imponer en mí la manifestación sindical que producía tal embotellamiento, ¿Cuál espera? si yo no estaba ahí, ¿Quién podría haber mentido diciendo que yo estaba sentada en el autobús? ni siquiera el señor de los algodones de azúcar con su bonachona sonrisa, mucho menos el señor que revendía botellas de agua aprovechando la situación... A gran distancia se encontraba ya mi mente... mi mente fuera de ese camión viajando en una sola dirección...
05 abril 2011
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