Después de haber pasado ya un buen rato mirándole el perfil, aquellas facciones nobles que tantos secretos guardaban, le pego de golpe la certeza de que podría quedarse así nomás, mirándole…
-Siento tanto amor por ti que más no me cabría ya en el pecho.
-¿Y eso es malo?
-No precisamente. Pero a veces me da miedo.
-Miedo… ¿De qué? …no atañe en la dicha de haber encontrado el amor correspondido.
-De que no vuelva a ser tan feliz como lo soy ahora.
-Siento tanto amor por ti que más no me cabría ya en el pecho.
-¿Y eso es malo?
-No precisamente. Pero a veces me da miedo.
-Miedo… ¿De qué? …no atañe en la dicha de haber encontrado el amor correspondido.
-De que no vuelva a ser tan feliz como lo soy ahora.
Percibió la inquietud en sus ojos, el rastro inconfundible de su ceño fruncido.
-Pero no te preocupes que cuando me entra el miedo en seguida lo espanto…
Le gustaba ese aire aniñado que se dibujaba en su rostro cuando alguien lo desconcertaba.
-¿Cómo?¿Con qué?
-Con Fe.
Dijo con firmeza


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