El Abuelo…
De andar lerdo y trastabillado, con las maneras y manías de quien se dirige a prisa a los 80 años, poseedor de incontables historias que poco valdrían sino pertenecieran a un hablador innato que trae el pasado con las palabras para alegrarnos el presente.
El héroe de la infancia, quien hacia columpios para alcanzar el cielo. Y esos nietos escandalosos que al mecerse pedían a gritos: más, más, más alto abuelito, más!
Ese que decía, hoy nos vamos a ver a la “chu-chula” esa vaca que nos regalaba la primera leche de la mañana…
Admiro que haya logrado sobrevivir a la ausencia de su compañera de toda la vida, el vínculo más fuerte que unía a la familia y una dadora de amor consagrada.
Constantemente no concuerdo con su proceder, pienso que el va en contra de aquella frase que dice “la edad te vuelve selectivo”. No creo que tenga las mejores amistades y me cuesta trabajo entender que intente reemplazar lo irremplazable.
Pero ahí está él, firme, viviendo y sobreviviendo a intervalos, manteniendo viva la imagen del pasado para aferrarnos al presente…
Él… Don Elpidio… Tío Pillo… el abuelo… ¡Mi abuelito pillo!
De andar lerdo y trastabillado, con las maneras y manías de quien se dirige a prisa a los 80 años, poseedor de incontables historias que poco valdrían sino pertenecieran a un hablador innato que trae el pasado con las palabras para alegrarnos el presente.
El héroe de la infancia, quien hacia columpios para alcanzar el cielo. Y esos nietos escandalosos que al mecerse pedían a gritos: más, más, más alto abuelito, más!
Ese que decía, hoy nos vamos a ver a la “chu-chula” esa vaca que nos regalaba la primera leche de la mañana…
Admiro que haya logrado sobrevivir a la ausencia de su compañera de toda la vida, el vínculo más fuerte que unía a la familia y una dadora de amor consagrada.
Constantemente no concuerdo con su proceder, pienso que el va en contra de aquella frase que dice “la edad te vuelve selectivo”. No creo que tenga las mejores amistades y me cuesta trabajo entender que intente reemplazar lo irremplazable.
Pero ahí está él, firme, viviendo y sobreviviendo a intervalos, manteniendo viva la imagen del pasado para aferrarnos al presente…
Él… Don Elpidio… Tío Pillo… el abuelo… ¡Mi abuelito pillo!


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